¡ES EL FIN DE LA GLOBALIZACIÓN !

Un análisis valioso de Lucas Jofre - Agrupación LIO San Juan- sobre el cambio profundo que el mundo está atravesando y la necesidad de comprenderlo para tomar las decisiones políticas impostergables.

Lucas Jofre

6/8/20265 min read

Primero para comprender el porqué de su final, nos pongamos en contexto ¿Qué es la globalización?

La globalización no es un proceso neutro ni natural. Es un sistema político, económico y financiero impuesto por las potencias dominantes para organizar el mundo en función de

sus propios intereses. Bajo el discurso de la integración y la libertad de mercado, la globalización ha funcionado históricamente como una herramienta de dominación,subordinación a los países periféricos y condicionando sus proyectos de desarrollo nacional.

Se trata de un sistema, es decir, un entramado de elementos que actúan de forma coordinada para garantizar un objetivo central: la concentración del poder económico, financiero y político en manos de unos pocos países y corporaciones, en detrimento del desarrollo de los pueblos.

¿Cómo funciona una globalización?

Como bien nos explica Pablo Challu en sus disertaciones de la cátedra económica, toda globalización responde a una lógica de poder. No surge espontáneamente ni beneficia a todos por igual. Para que exista, deben confluir tres pilares fundamentales e inseparables:

1. Una potencia económica-militar dominante, capaz de imponer reglas al resto del mundo.

2. Una ideología legitimadora, que justifique ese orden desigual como algo inevitable o beneficioso.

3. Mecanismos financieros de control, que garanticen su estabilidad y permanencia en el tiempo, asegurando la dependencia y la obediencia de los países subordinados.

Sin estos tres elementos, no hay globalización posible, solo intentos fallidos de hegemonía. Recuerda estos 3 puntos para lo que viene.

Ejemplos para su comprensión : Las globalizaciones a lo largo de la historia

Primera globalización: el dominio británico y el Patrón Oro

La primera gran globalización moderna se desarrolla durante el siglo XIX, bajo la hegemonía de Gran Bretaña, potencia dominante de la época. Su herramienta fue el Patrón Oro, presentado como un sistema de estabilidad monetaria, pero que en la práctica funcionó como un mecanismo de sometimiento económico. La ideología dominante fue el liberalismo, que proclamaba la libertad de comercio mientras justificaba la explotación laboral, la exclusión social y la dependencia de los países periféricos, a través de las Cajas de Conversión, administradas por bancos centrales alineados con la corona británica, se controlaban los flujos de oro y se condicionaban las economías nacionales. Las monedas de los países debían respaldarse en oro según valores fijados por Gran Bretaña. De esta manera, Londres decidía cuánto valía la moneda de cada nación y, en consecuencia, su capacidad de crecimiento. Fue una forma sofisticada de colonialismo: no hacía falta ocupar territorios, bastaba con controlar la economía. Los tres elementos de esta globalización los podemos distinguir bien, tenemos:

1. Potencia dominante: Gran Bretaña.

2. Ideología: Liberalismo exclavista y excluyente.

3. Mecanismo financiero: Patrón Oro con sus Cajas de Conversión.

La caída del orden británico

Este modelo comienza a resquebrajarse cuando emerge Estados Unidos como potencia industrial, con políticas proteccionistas y fuerte desarrollo interno. Al mismo tiempo, los pueblos del mundo empiezan a cuestionar la dependencia: surgen los movimientos nacionalistas y el revuelo marxista se incrementa, que denuncian la explotación y plantean alternativas distintas al orden liberal.

La Primera Guerra Mundial destruyó el entramado financiero británico y la crisis de 1930 liquidó los restos del sistema. Los países comprenden, a un alto costo social, que la dependencia económica conduce al atraso y la pobreza. Comienza así una etapa de repliegue, proteccionismo y reconstrucción nacionalista por gran parte de paises del mundo.

Segunda globalización: la hegemonía estadounidense de posguerra

Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo queda devastado, pero hay un claro vencedor: Estados Unidos. Aprovechando la ruina europea, impone un nuevo orden internacional a través del Acuerdo de Bretton Woods (1944). Se crean el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, presentados como

organismos de cooperación, pero que en la práctica funcionan como instrumentos de condicionamiento político y económico. Los préstamos llegan con exigencias, plazos y reformas estructurales que limitan la soberanía de los países. La ideología de esta etapa combina intervención estatal y liberalismo: el Estado regula para sostener el sistema, pero siempre en favor del capital. Es la globalización del llamado “mundo libre”, que dura aproximadamente 30 años.

Nuevamente podemos distinguir los 3 pilares, fueron:

1. Potencia dominante: Estados Unidos.

2. Ideología: Intervencionismo keynesiano funcional al capital.

3. Mecanismo financiero: FMI y Banco Mundial.

Crisis del modelo

Este esquema entra en crisis en la década de 1970, cuando el aumento del precio del petróleo revela sus límites. Lo que encarece los costos de producción y vuelve inviables muchas economías industriales. Las economías industriales se estancan y el sistema necesita una nueva ofensiva para sostener la dominación.

Tercera globalización: el neoliberalismo

Con la caída del Muro de Berlín en 1989, el neoliberalismo se presenta como única alternativa posible. Comienza la globalización neoliberal, la más agresiva y desigual de todas. Estados Unidos impulsa la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que impone reglas de comercio favorables a las potencias y castiga a los países que intentan proteger sus economías. El lema es la libertad irrestricta de comercio y movimiento de capitales, sostenida por la falsa promesa de la teoría del derrame.

Una vez más, los tres componentes:

1. Potencia dominante: Estados Unidos.

2. Ideología: Neoliberalismo.

3. Mecanismo financiero: OMC.

El fracaso neoliberal

Los resultados están a la vista: concentración obscena de la riqueza, empobrecimiento de los países periféricos, destrucción del trabajo y pérdida de soberanía. La crisis financiera de 2008 expone el colapso del modelo y obliga a los propios países centrales a intervenir para salvar al sistema que decían no necesitar regulación. La concentración de sectores estratégicos, como la industria farmacéutica, y el uso de patentes como herramienta de poder profundizan la desigualdad global. Durante el gobierno de Donald Trump, se cuestionan los organismos. Las críticas por parte de Trump a la OMC y al Consenso de Washington aceleran el debilitamiento del orden neoliberal.

La etapa actual: disputa y oportunidad

Hoy la globalización atraviesa una crisis de hegemonía. No existe una potencia dominante capaz de imponer un modelo único e incuestionable.China es potencia económica pero no militar, Rusia es una potencia militar pero no económica y EEUU es una potencia militar pero perdió su poderío económico que busca recuperar. Hoy no hay país dominante que cumpla con los 3 pilares para iniciar una nueva globalización, y en este NOI todo el tiempo que lleve su proceso de reacomodamiento, es un escenario que abre una oportunidad histórica para los países periféricos: Poder reindustrializar, recuperación económica, fortalecer el mercado interno y buscar el desarrollo nacional sin una globalización que nos lo impida.

Reflexión final

La globalización no es destino, es una decisión política. A lo largo de la historia, cada etapa globalizadora benefició a una potencia central y perjudicó a los pueblos subordinados. Comprender su funcionamiento es el primer paso para romper la dependencia y pensar un modelo económico al servicio de nuestro país. Como militantes peronistas sabemos que al haber una vacancia en esta etapa de NOI y hasta que ese proceso se reacomode, podemos acondicionar el terreno a nuestro favor, podemos aprovechar esta oportunidad histórica donde el mundo sopla a nuestro favor. Sabiendo esto, ¿por qué hay quienes en nombre del nacional justicialismo insisten en resistir y continuar en un proceso que ya finalizó?

Este texto busca aportar a esa reflexión crítica y colectiva. La discusión está abierta y es necesaria.

Lucas Jofre - Agrupacion LIO San Juan

Opinión

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