¿Fin del Globalismo neoliberal?

De la crisis del globalismo al nuevo proteccionismo de las potencias. Un análisis de Oscar Pedro Rivero Vives sobre cómo el modelo mileísta va a contramano del mundo y por qué la salida frente al neoimperialismo sigue siendo la justicia social y el bien común.

Oscar Pedro Rivero Vives

3/6/20263 min read

Es cierto que el mundo se globalizó a un grado máximo, pero también es cierto que la globalización viene fracasando desde hace mucho tiempo. La caída del muro de Berlín, en los noventa, con la consecuente retirada del estado no trajo mayor desarrollo a las naciones, sino más libertad de flujos internacionales de comercio, tránsito de personas y bienes, que, si bien significó un avance, en ciertos aspectos, por el otro provocó una increíble concentración mundial de la riqueza en pocas manos y mayor brecha social entre las personas y entre países centrales y periféricos. Si se hace un balance centrado en los logros de la economía en estas décadas, a partir de los noventa, se observa que la economía mundial se desaceleró y se expandieron las crisis globales, desde el 2000, con su último epicentro en 2008, a raíz de la explosión de la subprime en EEUU.

A pesar de las revoluciones tecnológicas de este periodo, hay una carencia de productividad, de manera que no hubo correspondencia entre avances tecnológicos, productividad y generación de valor.

El avance de las ideas liberales desde la revolución neoconservadora de los noventa, trajo reducciones de impuestos para las grandes fortunas, mayor endeudamiento privado, para mantener activo al sistema financiero global, y a la par disminuyó la renta del trabajo en todo el mundo, incrementó la precarización, se hicieron inaccesibles los inmuebles para los trabajadores, se redujo sensiblemente el rol estatal en asistencia y política social, y disminuyó, como consecuencia, la tasa de natalidad.

Quedó claro también que el sector inmobiliario, las finanzas y las tecnológicas fueron los principales ganadores del modelo, incrementando el flujo nominal de la economía sin el correlato de producción real.

Pero después de la crisis del 2008, el comercio mundial se vio afectado, a contramano de los ideales globalizadores, los nuevos proteccionismos económicos aparecieron en los países centrales. El primer Trump fue un ejemplo de aquello que se avecinaba. Durante su mandato (2017/2021), se inició el fin del libre comercio, junto a la monopolización de las compañías tecnológicas, con arancelamientos crecientes abandonando cada vez más el libre flujo de mercancía. Si bien hubo un ciclo intermedio con los Demócratas estadounidenses, el ciclo Covid, trajo de nuevo al podio otro mandato Trump, quien, desde entonces, ha profundizado sus políticas arancelarias, protegiendo más las propias fronteras, frente a la competencia rabiosa de China. Incluso en contra de los países aliados.

La nueva ola de enfrentamiento bélicos, el ataque reciente a Irán, y todos los demás conflictos, no son sino un desesperado cambio del rumbo provocado por la nueva realidad económica de la crisis globalizadora, que anima a dar vida a otra forma de orden internacional, que desde ya supone cambios geopolíticos y geoeconómicos. Con ello el ariete de un neoimperialismo intenta reconfigurar una institucionalidad y legitimidad internacional alternativa a la creada en la post segunda guerra mundial del S. XX. Dándose paso a otro modo de subordinamientos de países, con el propósito de recrear condiciones favorables para el nuevo escenario histórico, caracterizado por la competencia sin límite y captación de recursos inescindibles de innovación tecnológica.

El modelo mileísta, auspiciado por sectores empresariales nacionales (que iniciaron pasos globalizadores) y grupos transnacionalizados, intenta acelerar procesos maximalistas de apertura, con mínima renta para el trabajo, exponiendo ingentes recursos nacionales, hoy estratégicos, a una subasta de inversión externa, como proveedor, a tiempo, de demandas neoimperiales. Al mismo tiempo el sueño de retorno a la belle époque del S. XIX, se afirma con pasos decididos de subordinación política a la geopolítica de Trump, que, por contrario, fortalece el rol proteccionista del estado en su país y apuesta por cerrar el ciclo de la etapa global.

Al choque de las fuerzas pro y antiglobalización, se suma el contraste entre uni y multipolaridad, en el marco de un estrecho margen de maniobra, que, en apariencia se agiganta.

Si bien está claro que el globalismo neoliberal, ha fracasado, no hay que confundirse pues sobreviven sus estructuras principales; muestra sí, una reconfiguración con mayor confrontación, disciplinamientos, concentración corporativa, financiarización, extractivismos, disuasiones geoestratégicas, crisis de legitimidad democrática y neoestatismos sin bienestar.

En el propósito de concluir, el Peronismo sigue siendo la única opción para enfrentar nuevos desafíos y contrarrestar fuerzas destructoras, desde formas nuevas formas organizativas populares, ligadas por solidaridades comunitarias en base al humanismo cristiano, con fuerte amor y comprensión para con los que más padecen, construyendo caminos de justicia social y Bien Común, con profunda participación política comprometida.