Innovación tecnológica, política pública y cultura, enfoque desde la Laudato Si.

Un análisis de Tulio Abel Del Bono sobre la paradoja tecnológica actual: su poder para el progreso y la insostenibilidad. El artículo sostiene que el mercado y la política son insuficientes por sí solos, y que, siguiendo la encíclica 'Laudato Si', se requiere una 'valiente revolución cultural' ética y autorregulación para orientar la técnica al bien común.

Tulio Abel Del Bono

3/26/20263 min read

El mundo actual vive, como nunca antes, una explosión asombrosa de apariciones de innovaciones científicas – tecnológicas, en forma de productos, procesos productivos, servicios, que aparecen en casi todas las actividades humanas, para mejorar la calidad de vida. Pero, simultáneamente, también se están viviendo situaciones de insostenibilidad ambiental, como el “efecto invernadero”, que comprometen gravemente el futuro de la humanidad.

No puede afirmarse que la insostenibilidad ambiental es compañera de ruta obligada del crecimiento de las innovaciones. Al contrario, muchas innovaciones podrían contribuir a reducir sensiblemente las emanaciones de gases de efecto invernadero (por ejemplo, la energía eólica o solar). Pero, para que esto ocurra, las innovaciones deben acompañarse por políticas públicas adecuadas.

Usar tecnologías no contaminantes, en general aumenta los costos de producción; por eso, si no se establecen muy rigurosas políticas públicas en forma de regulaciones ambientales, estas tecnologías difícilmente se difundirán en forma masiva.

Tales temas no pueden dejarse librados a la “suerte del mercado”: en el mercado normalmente se piensa a corto plazo y se busca la ganancia rápida y fácil; en cambio, las cuestiones de sostenibilidad ambiental son de mediano y largo plazo. Por eso es imprescindible la presencia de políticas públicas adecuadas acompañando (y a veces precediendo) al ritmo de las innovaciones, lo que suele ser rechazado por las ideologías liberales, que propician que “mientras menos Estado y más Mercado, mejor”.

Pero el problema es tan complejo que no alcanza solo con políticas públicas “adecuadas”. Al respecto, el Papa Francisco, en su Encíclica “Laudato Si´” del 24/05/2015, afirma que “la humanidad ha ingresado en una nueva era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada” (Párrafo 102). “La tecnociencia bien orientada no solo puede producir cosas realmente valiosas para mejorar la vida del ser humano” (Párrafo 103). “Pero no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática …. nos dan un tremendo poder …. un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero”. “Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien” (Párrafo 104). Por eso, el Papa advierte sobre “la posibilidad de que el hombre utilice mal el poder …. cuando no está sometido a norma alguna reguladora de la libertad sino únicamente a los supuestos imperativos de la utilidad y de la seguridad” (Párrafo 105). Desde este punto de vista, pareciera que el Papa aboga también por la existencia de normas públicas reguladoras de la actividad de ciencia, tecnología e innovación. Sin embargo, aclara posteriormente que eso no es suficiente y que lo verdaderamente imprescindible es que la humanidad, en el uso de su libertad, sea “capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral” (Párrafo 112) para lo cual es urgente “avanzar en una valiente revolución cultural” (Párrafo 114). O sea: como el control político no resulta suficiente, es necesario la autorregulación de la actividad científica – tecnológica que solo la da un comportamiento “formateado” por una cultura fuertemente imbuida de ética.

Agrego una reflexión personal. ¿Por qué el Poder Político puede no ser suficiente para evitar el mal uso de la tecnología? Se me ocurren dos razones. Por un lado, le es casi imposible, regular la actividad en todos los laboratorios. Por otro lado, el propio poder político suele someterse, a veces, a otros poderes, (por ejemplo, al poder económico) que pretenden influir para que la utilización de la tecnología atienda sus intereses de lucro y no al bien común.