La Política, teoría de la ternura y de la tensión polar en la enseñanza del Papa Francisco.
Un análisis sobre la política desde el legado e historia del Papa Francisco
Oscar Pedro Rivero Vives
9/14/20265 min read


El Papa Francisco nos ha legado una enseñanza a los que hacemos política. Él, además del pastor de la iglesia, fue un pensador en torno a la mejor forma de la política y del liderazgo según la verdad de Cristo. Para entender la filosofía política de Francisco nos sirve recurrir a su Encíclica Frattelli Tutti, en donde el Papa define la política, no como lo hacía Aristóteles, distinguiendo entre política “agonal y arquitectónica”, ni como la describió Maquiavelo: “lucha por el poder”; menos aún como la definía Carl Schmitt: relación “amigoenemigo”, sino que Francisco, nos da una definición única y contraria a las demás, la política es “amor social”. En la misma línea de reflexión, Francisco asimila “Fraternidad” con “Amistad social” y a ambas virtudes, las incluye como formas del “amor social”. Partir del amor social hace posible avanzar hacia una “civilización del amor” en la que todos podamos sentirnos convocados. Al mismo tiempo, en tanto amor, la política, es puesta por Francisco, en el lugar de: “ejercicio supremo de caridad” y define a la “la caridad política”, como “el campo más amplio” entre las distintas formas de caridad. Asimismo, la política como caridad, en la medida que se dirige a las personas y a los pueblos, es “amor elícito” (termino, que rescata de Santo Tomás), y cuando la política como acto de caridad impulsa la creación de instituciones más sanas, regulaciones más justas y estructuras más solidarias, se convierte en “amor imperado” También Francisco, nos enseña que la política es “amor preferencial por los últimos” porque ella traduce una fina percepción de la dignidad del otro, de los pobres, respeto por su estilo propio, su cultura y apertura a nuevos caminos. Solo con caridad política se hace posible la apertura a todos, las renuncias, a las que están llamados los gobiernos, para alcanzar “el encuentro”; buscar confluencias; escuchar el punto de vista del otro. He ahí, que el acto de caridad política es, a la vez, “esfuerzo para organizar y estructurar la sociedad para que el prójimo” como también, “acompañar a una persona que sufre” y no padezca miseria. Sin caridad, independientemente de la ideología, sólo sobrevienen hábitos individualistas y procedimientos ineficaces que llegarán, apenas a unos pocos.6 Yendo más lejos, el Pontífice, nos dice que la política, contiene otra clase de amor, el que procede del corazón y desde el, llega a los ojos, a los oídos y a las manos. […] ese, es el “amor de ternura”. De ahí que, “los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos: (ellos) tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón. En resumen, la verdadera naturaleza de esa política “amorosa”, nos exige superar el individualismo y amar el Bien Común8. Asumir la plenitud de la persona como perteneciente al pueblo; crear un hermoso poliedro, con renuncias y paciencia, donde todos encuentren su lugar, más allá de los meros intercambios. En un artículo de Massimo Borghesi, se destaca, lo que él denomina la “Teología de la Ternura”, propia de Francisco, la cual está en perfecta correspondencia con la concepción ignaciana sobre la relación entre el hombre y Dios. Al respecto, nos recuerda la meditación matutina de Francisco, en Santa Marta, el 14 de diciembre de 2017, frente a la cercanía de la Navidad, donde expresaba “… nuestro Dios tiene esta ternura que nos acerca y los salva con esta ternura” Y, en esas reflexiones introdujo, una relación fundamental entre la categoría “ternura” y “dialéctica de lo grande y pequeño”, haciéndonos comprender la conexión entre el “pequeño Dios”, que está en el pesebre, con Dios “que siempre es grande”. Aquí, Francisco, nos hace ver cómo Dios, siendo lo más grande, se hace pequeño, se rebaja, se hace siervo para poder “comunicarse con los pequeños”. Dios, entre el poder de la fuerza y la debilidad, elige la debilidad del Hijo, con lo cual será la ternura su método de salvación. “La ternura se coloca en la dialéctica de lo grande y lo pequeño, de lo grande que se hace pequeño y de lo pequeño que se hace grande”. Es en esta afirmación, que se hace patente su “teoría polar” que va inspirar al pensamiento de Francisco, desde joven. En esa etapa ya Francisco adherirá a la escuela de pensamiento católica iniciada por Adam Möhler y seguida por Romano Guardini, Erich Przywara, Henri de Lubac, Gastón Fessard y a la que se afiliará su amigo, Alberto Methol Ferré. En el año 1986, Bergoglio viaja a Alemania para seguir su formación, y terminar la tesis pendiente en torno al teólogo Romano Guardini. En esa tesis se advierte que la teoría polar de Guardini será para él un criterio de interpretación general. La aplicará, por ejemplo, a la comprensión del encuentro entre españoles e indígenas en América, concluyendo en que la experiencia jesuita alcanzó una síntesis histórica, al lograr unidad de opuestos, por realizar una obra evangelizadora mediante la Compañía de Jesús, a través del encuentro y diálogo entre los pueblos. Para él, todo cristiano está llamado a ser lugar de unidad en la división de la historia. Repite que para el catolicismo el más pequeño es el más grande en el reino de Dios y nos propone ser hombres de síntesis, integrar y unificar la “pluriformidad inmanente de los múltiple”. En aquellos escritos nos advierte que los opuestos son “… la linfa del concreto viviente, lo que hace que su unidad sea móvil y dinámica. La contradicción, como la que existe entre el bien y el mal, obliga, por el contrario, a tomar una decisión, una elección, pero advierte, el mal no es contrapolo del bien, como lo quiere la gnosis, sino que es su negación.”. La conclusión de Bergoglio, en concordancia con la antropología filosófica de Romano Guaridini, es que la comunidad es dialógica, se realiza, en una “paciente tesitura que no pretende negar los acentos, las diferentes sensibilidades que siempre permanecen. Como Guardini, despliega su modelo polar, pero en tres parejas de antinomias con sus respectivos principios: 1) Plenitud-límite: (tiempo)-(momento), principio: el tiempo es superior al espacio. La unidad es superior conflicto. 2) Idea-Realidad. Principio: la realidad es superior a la idea. 3)Globalización- localización. Principio: El tiempo es superior a la parte. Además de estas tensiones polares principales, Francisco admite que las tensiones son múltiples y no todas pueden reducirse a un modelo, pero finalmente, nos aclara que siempre el método dialogante hace posible horizontes sin contradicción de polos. Sólo el diálogo calma conflictos y evita, nuevas polaridades que provocan más contradicciones.
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